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viernes, 18 de diciembre de 2020

PRESENTADO EL LIBRO "LA VIDA SECRETA DE PETRA K" DE TERESA RAMÓN EN HUESCA

TEXTO PRESENTACIÓN DE JAVIER GARCÍA ANTÓN. Me resulta difícil definir “La vida secreta de Petra K”. Novela en cuanto es relato, con un punto poético muy importante y sus dosis de tragedia y de drama. Es una pintura, ora tenebrista, ora policromática. Ora abstracta, ora figurativa. De repente, en la narración, toma cuerpo, dimensión, y se cincelan, a través de la imagen, conceptos escultóricos. Me adelanto a la autora para asegurarles que no es autobiografía, sino autoficción. Excelente definición que le pertenece. La primera expresión es de Marguerite Yourcenar: “Soledad… Yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como ellos aman… Moriré como ellos mueren”. A partir de ahí, si prestan atención, que como buenos lectores se aplicarán, dos sentidos les acompañarán a lo largo de toda la novela: la vista, cualidad de quienes quieren aprehender el mundo con su curiosidad, y el oído. A mí, Petra K me suena con la voz de Teresa Ramón. De hecho, en la corporeidad de las páginas, me ha asistido su voz, que arraiga la buena literatura en la palabra contundente, robusta y verdadera de Teresa. Arranca con un tenebrismo inquietante. “Una bandada de estorninos dibuja una flecha negra sobre el azul ensangrentado de la tarde”. Sensación inicial de novela negra, una muerte violenta en aroma de jardines de verano, la sombra de amargura, silencios densos envueltos en temblores, los charcos de sangre sobre el rojo centelleante anterior de tomates, ojos disparados en direcciones opuestas… Los oscuros no abandonarán nunca la obra. Del pueblo en la expresión intempestiva de los elementos a la ciudad, al entorno familiar, a la vocación de la artista en su núcleo convencional, a los amoríos y desamores, al enlace final, a la desnudez física y el impacto emocional de la joven casada. Petra K., ficción y aflicción. La miel en la luna de la luna de miel, las pinturas negras de Goya en los infiernos, Las uvas de la ira, la lectura, mucha lectura, el terrible accidente de tráfico, el Truman Capote de Philip Seymour Hoffman, la cárcel de cristal o de hierro invisible, la catarsis en los alumnos adolescentes, tímidos, osados, cautivos, acomplejados, valientes, prepotentes, frágiles, inseguros, delicados. Hacerse, crecer, encontrar el camino, la belleza y la magia. El juego de la profesora que no acepta el tuteo, y el respeto, y el humor: “No aprobarás hasta el día del juicio final por la tarde”. El palo. Y la zanahoria: “Vales mucho y, cuando te empeñes, sacarás la asignatura brillantemente”. Petra K, como la relatora, Teresa Ramón, siente fascinaciones: el lenguaje, la pintura y los viajes. A través de ellos, nuevos caminos, en el arte con materiales, texturas y conceptos, siempre investigando, siempre buscando a través de lacas, acrílicos, pigmentos, aluminio tras la experimentación de latón, acero, cobre y estaño… Y, a través de la creación, los horizontes. La novela aletea en un giro prodigioso. Hacer de la necesidad virtud, encontrar la oportunidad en medio de un ambiente otrora provinciano, hoy afortunadamente vanguardista. La exposición exótica. Un italiano, Italo Monti, acompañado de su esposa Lisa en el pequeño museo de arte contemporáneo de un pionero en la mitad de una pequeña provincia con Pirineo, FF, nunca suficientemente reconocido. Pintor experimental el trasalpino, yeso, hierro y cobre, originalidad y profundidad. Ávido de ver y conocer, dispuesto a llegar al taller de Petra K. y quedar prendado de la audacia de la pintora. Era llegado el momento de romper las amarras de la época, la vida doméstica, la monotonía de la ciudad, una concha de caracol que no se abre. En medio del desasosiego, Petra se enfrenta a la incomodidad y la incomprensión marital y familiar. Tiempo de volar, de coger ese tren que, en forma de avión, le permita llegar a destinos con su maleta cargada de libros, pinturas, pigmentos y la ropa imprescindible. Con el atuendo de la emoción de crear. La autora se adentra en el cuerpo del personaje, lo asalta, a pesar de que la fuerza de ambas provoque una tensión fructífera, de la que emanan grandes instantes en la narración. Y, en esa disputa, Petra aterriza en Roma, y la novela primero tenebrosa y luego costumbrista de una España timorata trasciende y se transforma en un libro de viajes y de personajes. Italo, Lisa, Fabio, Marcia, Pietro, Edgardo Manunci, Stefano, Nicola, rodeados de la belleza cuya descripción obedece a la simbiosis entre la literata y la pintora: los rosales, los arrayanes, las higueras centenarias, los bosquecillos, las construcciones solariegas, el mar, siempre el mar. Y la arquitectura. Exuberancia y belleza, socialización, exotismo incluso en lo gastronómico. El recorrido por Italia, por Peruggia, por Florencia, representa un trayecto emocional y artístico desde lo más hondo de los tiempos hasta su intención de la eternidad. Siempre la estrecha ligazón con los alumnos. Sempiterna y rígida su resistencia a abrir los brazos a cualquier amor que cercenara las ansias de libertad. “El egoísmo y la cobardía son asesinos implacables, oscuros delincuentes de la nocturnidad sobre las mujeres que tienen un camino a seguir en el mundo del arte. En las relaciones sociales externas aparecen como seres educados y amables… ¡Qué cinismo”. Su abuela Orosia, como todas las abuelas refranera, decía: “Santos de come y bebe, el diablo se los lleve” Petra retorna a su nido. Entremezcla, en viajes pretéritos desde la mente, algunas escenas definitivas de su personalidad, la que le arraiga con su abuelo y su padre, “ricitos de oro” que le llamaban. Sigue creando y exponiendo. El Bestiario, los Cráneos Exquisitos. Metamorfosis de ida y vuelta de Petra y Teresa, quizás la K de Kafka. Un alma libre, o quizás esclava de su amor por la cultura, no se detiene. “Descansar es empezar a morir”, leyó de Marañón en el suplemento cultural de ABC. Definitivamente, Petra decide que nada puede detener la libertad de la artista y de la persona, la realidad que recorre toda la novela. Altos de Chavón, República Dominicana, es la siguiente escala. Una narración prolija, repleta de figuras retóricas, propicias para unos sentimientos que son “columpios de espinos y rosas”. La sinestesia que juguetea con los sentidos, los silencios luminosos, las sombras azules. Las personificaciones, las metáforas, esos escorpiones oníricos que acaban siendo una fatal realidad. El relato caribeño es emocionante, plagado de intriga, de funambulismo emocional, de extraordinaria belleza. El carácter dominicano, la pasión corpórea y espiritual, el deleite de los sentidos, la exuberancia en las descripciones, el cromatismo invasor, otra vez el mar elevado a su expresión más sublime, la amabilidad del rector Stein, el virus contagioso del talento y del arte, la creencia en el ser humano y en sus capacidades, las virtudes profesorales de Petra K., asediada sin límite ni interrupción por las tentaciones, los valores humanos… Y más belleza, y más hermosura, y la libertad que se respira. Y la música de Bach y de bachata, y de Michel Camilo, y las exposiciones en Puerto Rico, Santo Domingo y en la Galería de la Parsons, su residencia con Stein como magnífico rector y, sobre todo, anfitrión. El relato de viajes tiene otra escala en Nueva York. Una semana por el MOMA, el Metropolitan, el Guggenheim, cosmopolitismo y arte, dolor, Zona Cero de las Torres Gemelas, Central Park, las difíciles relaciones humanas, los enfados y las reacciones más reconfortantes, ese helado de chocolate negro que resume el amor incondicional de una persona consciente de que no será correspondida. Dar tanto, sin pedir nada. Tiene que volver a España en su permanente lucha para que la vida cotidiana no convierta los sueños más extraordinarios en mediocridades cotidianas. La última etapa de Petra K. conduce a Asilah, al Foro Internacional de las Culturas, usos y costumbres radicalmente diferentes en Marruecos, paisajes de belleza inhóspita, una torre de babel pictórica de Estados Unidos, Japón, Colombia y España, peripecias al borde de la muerte, una creación sublime con los motivos que ofrece la naturaleza divina y la naturaleza humana. Eugenio Trías explica, en una crítica sobre una exposición de Petra Kl, que “el arte no existe si no provoca agitaciones en la memoria; pero no en la memoria concebida como facultad psíquica sino en la Memoria como Divinidad que nos arrebata y arrastra hasta permitir que, en el pincel, se plasme la imagen o el icono que de esa agitación llega a surgir. Lo que fue, lo que es y lo que será, que eso es aquello que contiene como presencia Mnemosyne”. Lee en el ocaso Petra la poesía de Qais ibn Al Mulawah: “Amo los nombres que se asemejan a su nombre. Y suenan parecido, o derivan de él. He contado las noches, noche por noche. Señor, haz que el amor entre ella y yo, Sea parejo, que ninguno rebase al otro…” Y, en ese preciso instante, Petra K. devuelve el libro a su Suprema Hacedora. La que ha creado materia en el color, color en la materia. Amarillos, fucsias, azules, rojos carmesí, verdes, sienas, ocres. La que ha llenado de buganvillas la vida. La que, durante días, me relatado, ora susurrándome al oído, ora con descripciones pasionales, ora con su fortaleza conceptual y humanística, una vida que ya no es secreta sino que se ha dado como legado al mundo. Y la Suprema Hacedora es Teresa Ramón.

jueves, 1 de octubre de 2020

ORNAT ES UN DESPOBLADO MEDIEVAL A POCO MÁS DE DOS KM. DE ANSÓ,



Nombre: ORNATE (ORNAT)
Toponimia Aragonesa: Ornat, Ornati, Ornate, Ornata



El pueblo: Ornat es un despoblado de origen medieval hoy totalmente desaparecido que estaba situado a poco más de dos kilómetros al sur de Ansó, en una zona conocida como la loma de San Cristóbal.
Gracias a la antigua documentación escrita sabemos que antes del siglo XIII existían al menos cinco núcleos habitados en el valle: Ansó, Fago, Arahuas, Ornat y Cenar (los tres últimos desaparecidos desde hace muchos siglos).

Buscando en cartularios y viejos documentos encontramos diferentes citas medievales sobre la población de Ornat, la más antigua data del  año 864 en una donación efectuada al monasterio de San Pedro de Siresa: “dono idem villam que dicitur Ensau quantum de Ornati insuper pertinet”.

Posteriormente, en una carta de donación al monasterio de San Martín de Ciella del año 1025 (situado a la entrada del valle de Ansó) se dice: “Et sunt testes Garcia Enneconis de Ornate.........et Mancio Enneconis de Ornati”.

Por último, el 30 de Diciembre del año 1199 Pedro II de Aragón dio el castillo de “Bal d´Arux” con todos sus términos (actual lugar de Aruej), a Pedro Pomar, a cambio precisamente del pueblo de Ornat.

Su iglesia parroquial también aparece citada en algunos viejos documentos, sabemos que fue levantada siguiendo los cánones románicos y que estaba consagrada a San Martín.

La pista de esta antigua población se pierde en el año 1295, donde aparece en un documento que dice que Ornat es propiedad del Rey. Sobre las causas del abandono de Ornat (al igual que los lugares de Arahuas y Cenar) son toda una incógnita, aunque hay que tener en cuenta que es posible que desapareciera como consecuencia de la peste negra que asoló toda Europa a mediados del Siglo XIV. Una gran cantidad de los despoblados medievales que tenemos en los límites de nuestra provincia desaparecieron por este motivo, y es que se estima que la peste negra fue la causa de la muerte de 25 millones de personas en toda Europa, aproximadamente un tercio de la población del continente por aquel entonces.




LARRAZ DEPOBLADO MEDIEVAL EN EL VALLE DE HECHO (A LADO DE EMBÚN).





 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

GRAUS Y SU ROMÁNICO NUEVO LIBRO DE FRANCISCO MARTÍ FORNÉS



Francisco Martí Fornés nos invita a conocer el rico patrimonio de Graus. Dice: "Me permito afirmar que estamos ante uno, quizás el primero, de los términos municipales que guarda más restos románicos del mundo".
 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

FRANCISCO MARTÍ FORNÉS PUBLICA EL LIBRO "GRAUS Y SU ROMÁNICO".

Lo del arte románico está de moda. Se ha convertido en algo
mítico. A veces sin saber demasiado de qué hablamos, de algo
medieval, de algo misterioso, de algo antiguo sin especificar más,
de algo de lo que hicieron un programa en la tele …
Las definiciones que encontramos en los diccionarios o
enciclopedias nos hablan del arte románico como las
manifestaciones arquitectónicas, escultóricas, pictóricas o de otras
artes que se desarrollan a partir del año 1000 hasta finales del
siglo XII y, en algunos casos, incluso ya del siglo XIII, en
aquellas zonas y países que acabarán configurando lo que será
Europa.
Pero una mejor manera de entenderlo es pensar no solo en las
manifestaciones artísticas, sino también en el pensamiento,
creencias y modos de vida de la gente que vivió en esa época.
Tampoco hay que verlo como un período estanco que nace de la
nada, sino en nuestro entorno, como una continuidad de lo que se
ha dado en llamar renacimiento carolingio, que significó el
nacimiento de esa Europa en cierto modo heredera del antiguo
imperio romano, y también del espíritu cristiano, cuya cabeza
visible no dejó de estar en Roma.
El condado ribagorzano, como todos los condados de lo que se
denominó Marca Hispánica, desde su nacimiento en el siglo IX
mantuvo estrechas relaciones con la corte carolingia, el condado
de Tolosa y, en lo religioso, con el arzobispado de Narbona. En
un momento en que el Pirineo, más que frontera, era una franja
permeable en ambas direcciones para todo tipo de relaciones,
incluidas las culturales, por ahí entraron las nuevas ideas y
también las nuevas formas artísticas.
Graus fue plaza fuerte musulmana desde principios del siglo VIII
hasta su conquista por Sancho Ramírez en 1083, por consiguiente,

Graus vive un profundo cambio religioso, lingüístico y cultural en
general, cuando el románico ya se ha extendido por Ribagorza.
La cesión de la villa por Sancho Ramírez en momentos como esos
al pujante monasterio de San Victorián, tan vinculado a la
incipiente dinastía pamplonesa, a la reforma cluniacense y a las
nuevas formas litúrgicas que acabaron con el rito hispánico,
exigía nuevas construcciones acorde con la repoblación de
muchos lugares y con las nuevas exigencias. Construcciones que
no podían ser otra cosa que románicas.
No es pues de extrañar que Graus, cuyo término municipal
además comprende muchos lugares que fueron frontera militar
durante años, se llenase de edificaciones religiosas de mayor o
menor importancia, que, unidas a las ya existentes, civiles o
religiosas, en las zonas ya previamente cristianas, harían un
número más que considerable.
Lógicamente, las nuevas necesidades que exigía el aumento de la
población y el alejamiento de la frontera con el mundo musulmán,
motivaron la desaparición o transformación profunda de bastantes
de ellas. La convulsa historia española -y particularmente
ribagorzana- de los siglos posteriores y, no digamos, la
despoblación, han acabado o reducido a la mínima expresión
muchas otras.
Pero, pese a todo ello, queda en Graus mucho románico. Me
permito afirmar que estamos ante uno -sino el que más- de los
términos municipales que guarda más restos románicos del
mundo. Se habla de municipios que cuantifican más de veinte,
pero en Graus son muchos más. Aunque de los que incluyo en
esta publicación, eliminásemos varios por considerar exiguos los
restos o porque solo podemos hablar de románico en su origen,
siguen siendo una cantidad enorme.
No he pretendido hacer aquí más que una recopilación de todos
ellos, pero no limitándome a la parte románica, sino haciendo una
pequeña descripción de cada uno de esos edificios en su aspecto

actual, siempre que son algo más que ruinas. No será todo
románico, pero sí que, de paso, podremos conocer mejor buena
parte del patrimonio grausino de todas las épocas.
El actual municipio de Graus está integrado por diversas
localidades, varias de las cuales formaron parte años atrás de
municipios independientes. Para seguir un criterio de catalogación
he ordenado los edificios descritos según su pertenencia a los
antiguos municipios, señalando el lugar o la aldea al que
pertenecía cada uno de ellos.

viernes, 4 de septiembre de 2020

JOSÉ ANTONIO ADELL PUBLICA SU SÉPTIMA NOVELA "LA DAMA DE GUARA".


 En el año 1063 Alodia y Rodrigo son dos jóvenes enamorados de
Buera que ansían su matrimonio, pero el gobernador de Alquézar, Jalaf Ibn
Rasid, ha quedado prendado de la joven y ordena sea llevada a la fortaleza.
Mientras, el rey Ramiro I muere en el sitio de Graus, y su hijo y
sucesor, Sancho Ramírez, apoyado por fuerzas venidas desde distintos
lugares, tras la convocatoria de cruzada del papa Alejandro II, se apodera
de la plaza musulmana de Barbastro.
Rodrigo intenta por todos los medios rescatar a Alodia y prepara una
estratagema para conseguirlo. Para ello ha apoyado previamente como
soldado, demostrando gran valentía, la conquista de Barbastro. Allí conoce
a la musulmana Amina que le ha correspondido como botín, y los
sentimientos de ambos afloran.
El tiempo se agota y los cristianos de Alquézar y poblaciones
cercanas quieren terminar con el yugo de Jalaf, pero dependen de Alodia
que tiene una misión importante que cumplir.
La bella leyenda de la conquista de la fortaleza de Alquézar se
convierte en novela, donde no faltan luchas y acuerdos entre cristianos y
musulmanes, amores apasionados, y escenarios y ambientaciones de este
rincón de Aragón en el siglo XI.