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lunes, 27 de octubre de 2014

¿DESDE DÓNDE NOS CONTAMOS LO QUE OCURRE? OCTUBRE 2014

¿DESDE  DÓNDE  NOS   CONTAMOS   LO   QUE   OCURRE?



         La vida humana es siempre una interpretación de sí misma.  Esto quiere decir que una cosa es lo que ocurre y otra, como nos contamos lo que ocurre y lo que nos pasa.  De ahí que podamos decir que vemos la realidad que somos y no la que es.   Es más,  creamos una realidad.

         En el mundo animal, existe el lenguaje factual que no añade nada, sólo señala, define, pero está conectado directamente a lo que ocurre.  En el lenguaje humano surge la narración, es decir, algo que se estructura con un inicio, un desarrollo y un final.  Este es el principal aspecto de la modalidad de la experiencia humana.  La conciencia no es instantánea, como en el animal, sino que es algo estable, con unicidad y continuidad.  Cómo nos contamos dicha experiencia, tiene que ver con la organización de la identidad misma.

         Nacemos con la capacidad de experimentar emociones y desde que estamos en el mundo, estamos con otros seres humanos.  Por eso, la identidad viene marcada por las emociones dominantes durante el curso de la maduración.  No olvidemos que la identidad no es una entidad en sí misma, es un proceso, mejor dicho, es una manera de procesar el conocimiento.

         La vinculación humana, que empieza en las etapas más tempranas de la vida, condiciona el desarrollo mismo de la identidad personal.  Los vínculos familiares y el entorno, funcionan como un espejo.  Nos construimos una imagen de nosotros mismos a través de cómo nos sentimos tratados.  Posteriormente, además, pertenecemos a otros grupos humanos y cada grupo tiene sus narraciones, sus argumentos y sus cuentos. 

         Por tanto, vivimos, sin darnos cuenta, en una doble dimensión de la experiencia.  En primer lugar, ese conocimiento tácito, que no requiere lenguaje y que es el conocimiento que dan las sensaciones, las emociones y los aspectos corporales.  Es la vivencia, el sentirse vivir.  Algo que nos ocurre, como respirar.  No en vano, en los caminos espirituales, cuando se hace silencio interior, se prioriza el volver a lo más inmediato, al cuerpo, a la respiración, fuera de la narrativa mental que, habitualmente , está llena de trampas.

         La segunda dimensión, que es la narración, no es otra cosa que la explicación de la experiencia inmediata que hemos tenido.  Por eso, todas las teorías, ideologías, creencias etc. tienen su fundamento en la emocionalidad, querámoslo o no.

         En general, todos nos contamos (o no nos contamos) las cosas de la misma manera para preservar nuestra identidad personal, eso es inevitable y es lo humano.  Pero hay algo muy interesante desde el punto de vista terapéutico y es que, si cambiamos la forma de narrarnos nuestra vida, cambiamos nuestra experiencia.

         Es por eso que en los caminos espirituales se trasciende la identidad personal.  A través del silenciamiento del propio yo y a través de una entrega amorosa en el vínculo divino, se atraviesan los límites del yo para llegar a ese espacio donde habita la Paz y el Amor.  Desde allí, siempre es posible darse cuenta de los engaños y trampas que nuestra mente ha producido y produce continuamente.
         Tener salud mental es tener lucidez, pero sin la paz, no se puede razonar libremente.  En todos los ámbitos de la vida.


       



                                                        Mercedes Nasarre Ramón. Psiquiatra

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