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sábado, 28 de diciembre de 2013

POR VÍA POSTAL... DE MIGUEL GARDETA

POR VÍA POSTAL...
Hace unos días leía un artículo en un periódico que me dejaba casi tiritando; tanto de frío como de congoja. De frío porque se produce en un país con algo de frío. Y de congoja porque se puede augurar un negro futuro para los raros como yo que todavía usamos esas cosas tan arcaicas como son un lápiz y un papel.
Resulta que en un país modélico en muchos sentidos como es Canadá, se les ha ocurrido una idea revolucionaria para reducir los costes que produce el servicio de Correos. A ver, que os pongo en antecedentes; con todo lo grande que es Canadá, por supuesto no está densamente poblada y el señor que reparte las cartas debe, a menudo, gastar mucho más de lo que cuesta un sello, en trasladarse a un pueblo perdido de la mano de Dios, a entregar una miserable carta. Que si coches, todo terrenos, motos de nieve o incluso trineos tirados por perros en función del lugar de Canadá y de la época del año. ¿Compensa el gasto efectuado en comparación con el volumen de trabajo? 
Realemente no.
Y es que, vivimos en una sociedad en la que cada vez más, dependemos de la luz, de la electricidad para todo. Vivimos en una era informática en la que recibimos emails en vez de cartas, mensajes de texto en lugar de llamadas telefónicas e incluso “Wassups” en lugar de mensajes de texto...a tal velocidad avanzamos que hoy en día casi ni se nos ocurriría tomar papel y lápiz como antaño para hacer una simple cuenta, ¿para qué si el móvil es más inteligente que uno mismo? (lo reconozco, mi teléfono es más inteligente que yo).
Así que, y como vivimos en una sociedad en la que ya casi nadie emplea los herederos del grafito y del papiro resulta que se les ha ocurrido a los canadienses poner en práctica durante los próximos cinco años una idea pionera, que se nos podría ocurrir propia de los lugares de difícil acceso.

Próximo libro de Miguel Gardeta.

La idea es simple: reducir costes reduciendo personal. 
Si el sello cuesta un dólar canadiense y el cartero cobra digamos ocho dolares canadienses, más la gasolina del traslado...sale por un pico lo de entregar una carta en el norte de Canadá. Pues eliminamos al cartero, y montamos una oficina regional para que cada uno venga a recoger sus cartas. 
Desde mi punto de vista es una verdadera pena. Yo que empleo cada año horas y horas a escribir de mi puño y letra: postales de Navidad que recorren los cinco continentes, cartas a mis amistades cercanas, anotaciones en mi agenda, planes de trabajo... todo eso, ¿se acabará?, ¿acaso estoy condenado a enviar postales de Navidad prefabricadas sacadas de una página de Internet?, ¿mandar impersonales emails a mis amigos como si fueran las cartas de antaño?, ¿comprar una agenda electrónica o, incluso, un libro electrónico (¡Satanás!)?... 
Bien, la idea no es nueva; consiste en la centralización de los servicios para conseguir una mayor eficacia. Pero digo yo, y me pongo en la piel de esta gente canadiense que tienen que planear un viaje de dos días para conseguir algo de sal del vecino más próximo (un día de viaje en la nieve; pedir la sal; hacer noche en casa del vecino; y volver a la propia casa bajo una tormenta de nieve). ¿A mi quien me va a avisar de que tengo una carta para ir a recoger? Muchos pensarán que hay miles de métodos: de nuevo email, mensajes de texto, “wassups”... ¿y si no tengo nada de eso?, ¿y si estoy en contra de la tecnología o simplemente, en mi región no tengo cobertura, para qué voy a tener móvil?, ¿me están obligando a tener Internet para saber que me ha llegado una carta por vía postal?.
Pero lo peor de todo puede venir en el momento en que, recibo una notificación de aviso, del modo que sea, de que tengo una carta a mi nombre; bien, ilusión, ¿quien será?; recorro los treinta kilómetros (o millas, que allí cuentan en millas) hasta la oficina regional más cercana, bajo la nieve, y con el peligro que eso supone, y de repente me doy cuenta de que es una carta de publicidad de Vodafone para que me cambie de compañía...
Lo que todavía me llena de esperanza es que es y va a ser una experiencia piloto y que solamente van a probar si funciona o no, durante estos años. Hay que decir que los canadienses son gente civilizada e inteligente, y si sale mal la cosa, no tirarán hacia adelante, como otros gobiernos del mundo. Y sin embargo me preocupa precisamente eso; que otros gobiernos del mundo tomen esta medida como “palabra de Dios” y la lleven a rajatabla porque, claro, como en Canadá son tan listos, hay que copiarlos en todo, sin pensar en las diferencias geográficas o idiosincrásicas de los países. 
Yo que siempre que llego a casa abro impaciente el buzón, a la espera de una misiva venida de Dios sabe donde, de Dios sabe quien diciendo Dios sabe qué con la misma impaciencia con la que se espera el primer beso en la adolescencia. ¿A mi me vais a privar de la figura del cartero? NUNCA; y lo digo con mayúsculas. Podrán quitarnos al charcutero, al churrero o al curtidor de pieles (todos ellos serían una pena, ojo) pero ¡¡¡¡¡¡¡¡jamás podrán quitarnos al cartero!!!!!!!!!

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